Federico García Lorca es un escritor mundialmente conocido. El granadino fue un destacado miembro de la generación del 27. Unió a sus intensos versos y a su dramaturgia de potencia inusitada un destino trágico.
La grandeza de Lorca, precisamente, se reconoce en su
íntima intuición (y, en el fondo, afirmación) de tal destino. No
otra cosa es, desde la perspectiva personal y subjetiva, la célebre
pena negra que periódicamente helaba el genio alegre de su
biografía.
Pero en estas páginas el tema central no es otro que
el de Galicia. No venimos, pues, a hablar de Lorca, sino de su
relación con esta esquina atlántica que los bárbaros llamaron
Suevia. Porque de hecho, la conexión de Lorca con Galicia, y con
algunos ilustres gallegos de la época, fue por momentos notable.
Lorca, que sentía tan hondamente Andalucía, descubrió enormes
paralelismos entre su tierra y la gallega, entre su gente y los
campesinos y marineros de Galicia.
Ya en 1916 (Lorca había nacido en 1898), estudiante
de Filosofía en la Universidad de Granada, visitó por primera vez
algunas de las ciudades gallegas: Santiago, A Coruña y Lugo. De ese
viaje daría cuenta en la revista de la universidad y, un poco más
tarde, en su libro Impresiones y paisajes (1918).
En los años de la República es cuando Lorca intima
todavía más con el alma gallega. Por un lado conoce en Madrid a
Ernesto Guerra da Cal, entonces un veinteañero galleguista que con
el tiempo sería destacado filólogo y escritor exiliado en EEUU. Por
otro, a lo largo de 1932 Lorca viaja a Galicia hasta en tres
ocasiones, ya para dar conferencias, ya de gira con La Barraca.
El granadino tendrá la oportunidad de visitar
ciudades como Vigo o Pontevedra, además de volver a las ya conocidas
en el primer viaje, Santiago, A Coruña y Lugo. Además, entrará en
contacto con los jóvenes escritores, poetas e intelectuales
gallegos: Luís Seoane, Carballo Calero, García-Sabell, Ánxel Fole
Álvaro Cunqueiro…
En Santiago, maravillado por la brumosa Galicia de
oscuro corazón de piedra, visitó el monumento a Rosalía,
declarándose fascinado por la poesía de la autora gallega y
proponiendo la necesidad de celebrar un homenaje nacional. Y sería
en la misma Compostela cuando, en diciembre de 1932, en la revista
Resol (dirigida por Seoane) vería la luz publicada el primer poema
de Lorca escrito en gallego (Madrigal a cibdá de Santiago).
Finalmente será en 1935 cuando la editorial Nós publique los seis poemas gallegos de Lorca, con un prólogo de Blanco Amor. Los críticos han discutido hasta la saciedad si Lorca pudo haber llegado a escribir realmente los poemas en gallego. Hay quien cree que Ernesto Guerra de Cal representó un papel esencial, incluso de coautor. Otros consideraron que fue Blanco Amor, aunque éste lo niegue en el prólogo, el que tuvo que traducir bastantes de los versos presentados por Lorca.
La mayoría de quienes se han pronunciado, sin
embargo, piensa que, más allá de las ayudas puntuales que sus
amigos gallegos pudieron ofrecerle, no fue sino el mismo Lorca quien,
embebido y conocedor tanto de la lírica medieval gallegoportuguesa
como de la obra en ese idioma de autores contemporáneos, fue capaz
de acuñar y objetivar la sustancia poética en la dulce lengua de
Rosalía.
En cualquier caso, los seis poemas gallegos,
musicalizados repetidas veces, forman ya parte del acervo común de
la literatura universal. Y son motivo de orgullo para quienes,
honrados y valientes, todavía no han renunciado a la lengua de sus
abuelos.
Fuente: SobreGalicia.com

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu aportación!