jueves, 25 de octubre de 2012

Lorca y el gallego

Federico García Lorca es un escritor mundialmente conocido. El granadino fue un destacado miembro de la generación del 27. Unió a sus intensos versos y a su dramaturgia de potencia inusitada un destino trágico.




La grandeza de Lorca, precisamente, se reconoce en su íntima intuición (y, en el fondo, afirmación) de tal destino. No otra cosa es, desde la perspectiva personal y subjetiva, la célebre pena negra que periódicamente helaba el genio alegre de su biografía.
Pero en estas páginas el tema central no es otro que el de Galicia. No venimos, pues, a hablar de Lorca, sino de su relación con esta esquina atlántica que los bárbaros llamaron Suevia. Porque de hecho, la conexión de Lorca con Galicia, y con algunos ilustres gallegos de la época, fue por momentos notable. Lorca, que sentía tan hondamente Andalucía, descubrió enormes paralelismos entre su tierra y la gallega, entre su gente y los campesinos y marineros de Galicia.


Ya en 1916 (Lorca había nacido en 1898), estudiante de Filosofía en la Universidad de Granada, visitó por primera vez algunas de las ciudades gallegas: Santiago, A Coruña y Lugo. De ese viaje daría cuenta en la revista de la universidad y, un poco más tarde, en su libro Impresiones y paisajes (1918).


En los años de la República es cuando Lorca intima todavía más con el alma gallega. Por un lado conoce en Madrid a Ernesto Guerra da Cal, entonces un veinteañero galleguista que con el tiempo sería destacado filólogo y escritor exiliado en EEUU. Por otro, a lo largo de 1932 Lorca viaja a Galicia hasta en tres ocasiones, ya para dar conferencias, ya de gira con La Barraca.


El granadino tendrá la oportunidad de visitar ciudades como Vigo o Pontevedra, además de volver a las ya conocidas en el primer viaje, Santiago, A Coruña y Lugo. Además, entrará en contacto con los jóvenes escritores, poetas e intelectuales gallegos: Luís Seoane, Carballo Calero, García-Sabell, Ánxel Fole Álvaro Cunqueiro…

En Santiago, maravillado por la brumosa Galicia de oscuro corazón de piedra, visitó el monumento a Rosalía, declarándose fascinado por la poesía de la autora gallega y proponiendo la necesidad de celebrar un homenaje nacional. Y sería en la misma Compostela cuando, en diciembre de 1932, en la revista Resol (dirigida por Seoane) vería la luz publicada el primer poema de Lorca escrito en gallego (Madrigal a cibdá de Santiago).

Finalmente será en 1935 cuando la editorial Nós publique los seis poemas gallegos de Lorca, con un prólogo de Blanco Amor. Los críticos han discutido hasta la saciedad si Lorca pudo haber llegado a escribir realmente los poemas en gallego. Hay quien cree que Ernesto Guerra de Cal representó un papel esencial, incluso de coautor. Otros consideraron que fue Blanco Amor, aunque éste lo niegue en el prólogo, el que tuvo que traducir bastantes de los versos presentados por Lorca.

La mayoría de quienes se han pronunciado, sin embargo, piensa que, más allá de las ayudas puntuales que sus amigos gallegos pudieron ofrecerle, no fue sino el mismo Lorca quien, embebido y conocedor tanto de la lírica medieval gallegoportuguesa como de la obra en ese idioma de autores contemporáneos, fue capaz de acuñar y objetivar la sustancia poética en la dulce lengua de Rosalía.


En cualquier caso, los seis poemas gallegos, musicalizados repetidas veces, forman ya parte del acervo común de la literatura universal. Y son motivo de orgullo para quienes, honrados y valientes, todavía no han renunciado a la lengua de sus abuelos.


Fuente: SobreGalicia.com 

 


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